3.7.09

Allegorîa



Ciruelas verdes en los tallos flacos
aroman carreteras y nostalgias
No es tiempo de vendimia                hay boca agua
el tiempo y sus efluvios                     ¿otra pendejada?




De: Ordalía (o La pasión abreviada)



Ophir




Imagen: Dan McCormack

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18.6.09

La lucha de la memoria contra el olvido (fragmentos)






“La lucha del hombre contra el poder
es la lucha del hombre contra el olvido“

Milan Kundera


I. Son demasiadas las semejanzas entre la literatura y la política: la soberbia, la insaciabilidad, la morbosa búsqueda del poder. Ambas han probado el fruto del mal y quieren ser como dioses. Ambas son artes impuras y chapuceras. La literatura y la política coinciden en fundar sus existencias en el artificio. La política lo expone permanentemente en años de impostura y simulación, la otra la revela y la expresa en el juego de los espejos o los tragos de las drogas de verdad.

Entre la literatura y la política existen las diferencias que hay entre el amor y la pornografía. Mario Vargas Llosa en Los cuadernos de don Rigoberto dice: “La pornografía despoja al erotismo del contenido artístico, privilegia lo orgánico sobre lo espiritual y lo mental, como si el deseo y el placer tuvieran como protagonistas a falos y vulvas y estos adminículos no fueran meros sirvientes de los fantasmas que gobiernan nuestras almas y segregan el amor físico a todas las experiencias humanas. El erotismo en cambio, lo integra con todo lo que somos y lo que tenemos.“

Mientras que la literatura (que corresponde a lo erótico) explora la vida de los individuos en toda su complejidad humana y social, la política es tan aburrida como la pornografía, ya que centra su atención en sólo uno de sus aspectos: el tráfico de la carne y el orgasmo, que en política corresponde a la obtención del poder y a esa interminable parafernalia de actos vacíos, repetitivos, mecánicos, inauténticos y frecuentemente frígidos, aunque siempre acompañados por grititos obscenos y posturas circenses que remedan la actividad erótica de las putas.


II. El escritor devela y revela, y cuando descubre el rostro de la política es repugnante, monstruoso. Conocerlo realmente asustaría al más crédulo de sus acólitos y feligreses: siempre se encontrará ahí aquello que habrá de transformarlo en monstruo, estatua o caricatura.

La política, en fin, es el reino del mal y por eso fascina. La felicidad carece de interés literario y si el amor nos interesa se debe a que no es un buen sentimiento. Y el alma, ya se sabe, es una víscera sentimental despreciada por los perros y tecnócratas pero todavía entrañable para algunos románticos viciosos.

El escritor tiene como tarea expandir los límites de la libertad en cualquiera de sus formas: sociales, espirituales, del lenguaje, morales, etcétera, y ahondar en las experiencias propias y del otro, conocer el envés y el revés de la sociedad, mantener un intenso diálogo consigo mismo y todo lo que él mismo es: su memoria, su lenguaje, sus emociones, sus libros. El escritor crea echando mano de sus relaciones, generalmente malas, con su memoria, su pasado, sus experiencias, sus dioses y sus demonios, sus sueños, sus espejos, los otros, su entorno, su tiempo, su época. El escritor, en fin, posee la conciencia de que el fin de siglo es una agonía, un derrumbe, un descenso exasperante.



Alfredo Espinosa

Escritor mexicano

Imagen: Mateo



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12.6.09

Con visos de plegaria



Tú eres el hombre, la mueca que heredó la costilla, el rival de una lucha en que el premio se derritió al contacto, la historia de un par de oraciones, el desfile de una patria forzada a la farra. Depredador de colmillos romos y lengua precisa mojas mis pies con una mezcla de humores que trocan las dos primeras letras; deseo e incuria mientras arden mis bosques, mientras rechazo el tic tac que me impone el más común de mis lugares. Deglutido el intento la muerte es el recuerdo que se arrastra y se guinda en mis pelos; calco de ausencias que se inventan compañía, compromiso sexual del carente que no asume que una soledad de dos es más temible que un monólogo con visos de plegaria.

Atavíos que cuelgan del clóset cual disfraces de rutinas suman hilvanes a un balance con pecas a favor, tienta el barrial cuando abolir es un verbo que se doma en pocillo de peltre y vino de moras, pero qué fue del hombre, aquel…




Ophir



Imagen: Dale O´Dell

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22.5.09

No es más





Un poema no es más
que una conversación en la penumbra
del horno viejo, cuando ya
todos se han ido, y cruje
afuera el hondo bosque; un poema

no es más que unas palabras
que uno ha querido y cambian
de sitio con el tiempo, y ya
no son más que una mancha, una
esperanza indecible;

un poema no es más
que la felicidad, que una conversación
en la penumbra, que todo
cuanto se ha ido, y ya
es silencio.


Eliseo Diego




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19.5.09

In Memoriam

Hace poco escribí que había visto a un hombre llorar tras tropezar con un recuerdo. Hoy, al enterarme de la muerte de Benedetti, soy yo quien desde el suelo mira el ayer y comprende que la vida es eso, sacudirse las rodillas y atreverse al paso no importa si el raspón fue grande y el blue jeans ganó algunas hilachas, a fin de cuentas la imagen del tamiz es buena si se asocia con la idea de cernir y del poso se rescata aquello que aunque no brille, pueda amasarse y fraguar. 

Del poeta me queda La Tregua, la esperanza de Martín Santomé, el te quiero de Avellaneda, la sugerencia del amigo mexicano de cómo hundirse en su prosa, mi sonrisa adolescente al recibir un afiche con algunas tácticas y —hoy lo sé— ninguna estrategia, la angustia de un hombre ante un quirófano y el rezo en su intento de hacerse mejor, el olor a garúa, a tierra mojada y sí, el olvido que está lleno de memorias. 

Amar es un verbo que sólo se conjuga en primera persona por eso aquí hoy no está lloviendo.

In memoriam.


El sexo de los ángeles


Una de las lamentables carencias de información que han padecido los hombres y mujeres de todas las épocas se relaciona con el sexo de los ángeles. El dato, nunca confirmado, de que los ángeles no hacen el amor quizás signifique que no lo hacen de la misma manera que los mortales.

Otra versión, tampoco confirmada pero más verosímil, sugiere que si bien los ángeles no hacen el amor con sus cuerpos ( por la mera razón de que carecen de los mismos) lo celebran en cambio con palabras, vale decir con las adecuadas.

Así, cada vez que Ángel y Ángela se encuentran en el cruce de dos transparencias, empiezan por mirarse, seducirse y tentarse mediante el intercambio de miradas que, por supuesto, son angelicales.

Y si Ángel, para abrir el fuego, dice: “Semilla”, Ángela, para atizarlo, responde: “Surco”. Él dice: “Alud”, y ella tiernamente: “Abismo.”

Las palabras se cruzan, vertiginosas como meteoritos o acariciantes como copos.

Ángel dice¨: “Madero.” Y Ángela: “Caverna.”

Aletean por ahí un Ángel de la Guarda, misógino y silente, y un ángel de la Muerte, viudo y tenebroso. Pero el par amatorio no se interrumpe, sigue silabeando su amor.

Él dice: “Manantial.” Y ella: “Cuenca.”

Las sílabas se impregnan de rocío y, aquí y allá, entre cristales de nieve, circulan el aire y su expectativa.
Ángel dice: “Estoque”, y Ángela, radiante: “Herida.”

Él dice: “Tañido”, y ella: “Rebato.”

Y en el preciso instante del orgasmo ultraterreno, los cirros y los cúmulos, los estratos y nimbos, se estremecen, tremolan, estallan, y el amor de los ángeles llueve copiosamente sobre el mundo.


Mario Benedetti



Imagen: Dale O´Dell






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28.4.09

El adiós a una Idea



No pero sí


Decir no
decir no
atarme al mástil
pero
deseando que el viento lo voltee
que la sirena suba y con los dientes
corte las cuerdas y me arrastre al fondo
diciendo no no no
pero siguiéndola



Idea Vilariño

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23.4.09

Estado de exilio






Hay una retahíla de verbos emancipados.

Todo lo mío. Lo pestilente y lo liviano.
Todo lo amasé, lo mordí, lo acuné.

Son mías las imprecisiones,
el barro que no amaina,
los hilos de sangre que cuajan el hogar.

Mío lo que despoja,
savia de una tarde avara,
huesos desmoronados en el útero.

Las minucias me las llevo al asco, al exilio de mí.

Las pérdidas no me arrancarán el mal,
no me harán dadivosa ni puntal.

Si me voy cargo con todo,
armo el miedo en otro puerto,
me ensucio para nuevas esperanzas.



Jacqueline Goldberg

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